El aire acondicionado es un sistema seguro cuando está bien instalado y mantenido, pero combina electricidad, componentes mecánicos, gases refrigerantes y, en algunos casos, evacuación de aire. Esa combinación exige ciertas precauciones.

Riesgo de incendio

Sí, un aparato de aire acondicionado puede provocar un incendio, aunque no es habitual. Las causas más frecuentes no están en el equipo en sí, sino en su entorno o instalación.

Un cableado defectuoso, enchufes en mal estado, regletas sobrecargadas o conexiones improvisadas pueden generar sobrecalentamientos. También puede ocurrir cuando el equipo trabaja forzado durante horas con filtros sucios, ventilación obstruida o componentes deteriorados. En estos casos, el aumento de temperatura interna puede acabar dañando aislantes o provocar chispas.

Otro factor de riesgo es la instalación eléctrica antigua, especialmente en viviendas que no estaban preparadas para la demanda de potencia que requiere un sistema de climatización moderno.

Riesgo de intoxicación por gases

Este punto requiere matización, porque suele generar confusión. Los aires acondicionados no queman combustible, por lo que no generan monóxido de carbono como sí lo hacen calderas o estufas de gas. En ese sentido, no provocan intoxicación por combustión.

Sin embargo, sí utilizan gases refrigerantes. En condiciones normales son seguros, pero una fuga importante en un espacio muy cerrado puede desplazar el oxígeno del ambiente y provocar síntomas como mareo, dolor de cabeza o sensación de ahogo. Es raro en viviendas, pero más relevante en salas técnicas, locales pequeños o instalaciones industriales.

Además, algunos refrigerantes antiguos o mal gestionados pueden resultar irritantes si se inhalan directamente durante una fuga.

Riesgos eléctricos para las personas

El aire acondicionado es un equipo eléctrico potente. Una mala puesta a tierra, humedad en conexiones o manipulación sin desconectar el equipo puede provocar descargas eléctricas. Este riesgo aumenta en unidades exteriores expuestas a la intemperie si no se revisan periódicamente.

También es un error común usar alargadores o enchufes no preparados para el consumo del equipo, algo especialmente peligroso.

Riesgos por falta de mantenimiento

Un aparato mal mantenido no solo pierde eficiencia, sino que aumenta el riesgo de avería y de incidentes. Filtros sucios, bandejas de condensación obstruidas o ventiladores desequilibrados pueden provocar sobrecalentamientos, goteos sobre componentes eléctricos o fallos mecánicos.

Además, un mal mantenimiento favorece la proliferación de bacterias y hongos, lo que no es un riesgo de incendio, pero sí un problema de salud respiratoria, especialmente para personas sensibles.

Riesgo estructural y de caídas

Las unidades exteriores mal ancladas pueden soltarse con el tiempo debido a vibraciones, corrosión o una instalación deficiente. Esto supone un riesgo evidente en fachadas, terrazas o patios interiores, tanto para personas como para bienes materiales.

Riesgos derivados de reparaciones inadecuadas

Manipular un aire acondicionado sin la formación adecuada es una de las principales fuentes de problemas. Intervenir en el circuito eléctrico o de refrigerante sin conocimientos puede provocar fugas, cortocircuitos o daños irreversibles en el equipo.

Qué reduce estos riesgos casi por completo

La mayoría de los riesgos asociados al aire acondicionado no se deben al aparato en sí, sino a malas prácticas. Una instalación profesional, revisiones periódicas, limpieza de filtros, uso de una línea eléctrica adecuada y no manipular el equipo sin conocimientos reducen estos riesgos a niveles muy bajos.

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