La duración de un aparato de aire acondicionado no depende solo de la marca o del modelo, sino sobre todo del cuidado que reciba a lo largo del tiempo. El mantenimiento técnico, tanto preventivo como correctivo, marca una diferencia notable entre un equipo que dura más de una década funcionando con eficiencia y otro que en pocos años presenta averías costosas o deja de enfriar correctamente.

La vida útil media de un aire acondicionado

De forma general, un aire acondicionado doméstico o de oficina tiene una vida útil media de entre 10 y 15 años, aunque hay equipos que superan los 20 si se mantienen correctamente. Esta cifra se basa en el desgaste natural de los componentes principales: compresor, ventiladores, válvulas y circuitos electrónicos.

Sin embargo, esta estimación solo se cumple si el aparato recibe un mantenimiento periódico, que incluya limpieza de filtros, revisión de presiones, control del gas refrigerante y verificación eléctrica. Cuando el equipo se instala y se olvida durante años, su rendimiento disminuye gradualmente y su vida útil se reduce drásticamente.

Un equipo con mantenimiento regular: eficiencia y longevidad

Cuando un técnico especializado revisa el aire acondicionado al menos una vez al año, el sistema se mantiene limpio, equilibrado y eficiente. Este tipo de mantenimiento incluye tareas clave:

  • Limpieza y sustitución de filtros de aire.
  • Comprobación del nivel de gas refrigerante.
  • Revisión de las conexiones eléctricas y el estado del compresor.
  • Limpieza de la batería interior y la unidad exterior.
  • Comprobación del desagüe de condensados.

Con estas intervenciones, el aparato puede conservar su eficiencia original durante muchos años. Además, el consumo eléctrico se mantiene bajo y el sistema evita sobreesfuerzos innecesarios. En la práctica, un aire acondicionado bien mantenido puede alcanzar 12 o incluso 15 años de uso real sin averías importantes.

Otro beneficio es el confort ya que un equipo limpio y revisado produce aire más puro y regula mejor la temperatura, sin ruidos anómalos ni olores desagradables.

Sin mantenimiento llega el deterioro silencioso

En cambio, cuando el aparato no recibe ningún tipo de revisión técnica, su deterioro se acelera desde el primer año de uso. Los filtros se saturan, la suciedad se acumula en los intercambiadores y el compresor trabaja cada vez con más esfuerzo. Esto genera un círculo vicioso: el sistema enfría menos, el usuario sube la potencia, el consumo aumenta y los componentes se calientan más.

En estas condiciones, la vida útil real se reduce a 5 o 7 años. Antes de ese plazo, suelen aparecer problemas como:

  • Pérdidas de gas refrigerante por falta de estanqueidad.
  • Bloqueos en los conductos de condensados.
  • Fallos eléctricos por humedad o exceso de polvo.
  • Ruidos por desbalanceo del ventilador o acumulación de grasa.

Además, el rendimiento energético puede caer hasta un 30 % o 40 % en comparación con un equipo limpio, lo que se traduce en facturas más altas y menor capacidad de enfriamiento.

La importancia del mantenimiento profesional

Un aire acondicionado moderno puede suponer un gasto importante, y reemplazarlo prematuramente por no haberlo revisado resulta mucho más costoso que una visita anual de un técnico.

El profesional detecta pequeños fallos antes de que se conviertan en averías graves. Un simple ajuste o recarga de gas puede evitar que el compresor se queme, una reparación que suele superar los 400 €.

También hay que recordar que los aparatos con gas refrigerante R32 o R410A requieren manipulación por parte de personal autorizado, según la normativa vigente, para garantizar la seguridad y el respeto al medio ambiente.

Prevención frente a abandono

La diferencia entre un aire acondicionado con mantenimiento y otro sin él es clara:

  • Con mantenimiento: funcionamiento óptimo, consumo controlado, aire limpio y vida útil de hasta 15 años.
  • Sin mantenimiento: pérdida progresiva de eficiencia, averías frecuentes y una duración que rara vez supera los 7 años.

Un simple plan de revisiones anuales puede duplicar la vida del aparato y evitar gastos imprevistos. En definitiva, el mantenimiento no es un gasto, sino una inversión en confort, ahorro y durabilidad.

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