Un aire acondicionado es una inversión que aporta confort y calidad de vida, pero también es un equipo sensible que puede sufrir daños por un uso inadecuado. Comprender cuáles son los hábitos que más lo deterioran permite prevenir averías, prolongar la vida útil del aparato y mantener su eficiencia energética durante años.
En HG Clima conocemos cuáles son los usos que más pueden dañar a sus aparatos. Las siguientes menciones tienen que ver con lo que nos hemos encontrado a lo largo de los últimos años cuando hemos tenido que reparar aparatos de aire acondicionado.
Encender y apagar constantemente el equipo
Una de las prácticas más perjudiciales para los sistemas de aire acondicionado es encender y apagar el equipo de manera constante. Cada arranque implica un esfuerzo del compresor y de los ventiladores que, si se repite con frecuencia, acelera el desgaste de los componentes mecánicos y eléctricos. Para un funcionamiento seguro, es recomendable dejar que el sistema opere durante periodos prolongados, ajustando la temperatura de forma estable en lugar de apagarlo y encenderlo continuamente.
Mantener el equipo encendido a una temperatura moderada es más eficiente que apagarlo por completo y luego forzarlo a enfriar rápidamente el espacio. Además, los arranques repetidos aumentan el consumo energético y pueden generar fluctuaciones de presión en el gas refrigerante que afecten a su rendimiento.
Ajustar temperaturas extremas
Otro hábito que daña los aparatos es configurar el termostato a temperaturas demasiado bajas o demasiado altas. En verano, poner la temperatura excesivamente fría obliga al compresor a trabajar al máximo, aumentando el desgaste y la posibilidad de averías. En invierno o en sistemas con función de calefacción, lo mismo ocurre al exigir temperaturas muy altas. Ajustar la temperatura a un nivel razonable reduce el esfuerzo del sistema y mantiene un consumo de energía eficiente.
Además, los cambios bruscos de temperatura pueden generar condensación excesiva dentro de las unidades, lo que con el tiempo provoca corrosión y acumulación de moho. Mantener ajustes moderados protege los componentes internos y mejora la durabilidad del equipo.
Ignorar el mantenimiento de filtros y conductos
La limpieza de filtros y conductos es fundamental para el buen funcionamiento del aire acondicionado. No realizar esta tarea puede causar problemas graves. Los filtros sucios dificultan el flujo de aire, obligando al ventilador a trabajar más y aumentando la presión sobre el compresor. Los conductos obstruidos o sucios también generan pérdidas de eficiencia y pueden favorecer la proliferación de bacterias y moho.
El mantenimiento regular de filtros, rejillas y conductos evita sobrecargas innecesarias, mejora la calidad del aire y contribuye a que el equipo funcione de forma segura durante toda la temporada.
Uso en condiciones climáticas adversas
Exponer los sistemas de aire acondicionado a condiciones extremas puede dañarlos. En zonas costeras, la humedad y la salinidad del aire afectan a las unidades exteriores, acelerando la corrosión. La exposición prolongada a la lluvia, la nieve o el sol intenso sin protección adecuada también compromete su vida útil. Instalar cubiertas protectoras o ubicar las unidades en lugares parcialmente resguardados reduce el riesgo de deterioro prematuro.
En invierno, dejar la unidad apagada durante largos periodos sin revisión puede provocar problemas de lubricación y acumulación de humedad. Encender el sistema de manera periódica y realizar inspecciones preventivas minimiza estos riesgos.
Sobrecarga por espacio mal distribuido
Colocar el aire acondicionado en espacios mal distribuidos o demasiado grandes para su capacidad puede generar un esfuerzo continuo que reduce la durabilidad del aparato. Un equipo que trabaja constantemente a plena potencia para enfriar o calentar un espacio inadecuado sufre un desgaste acelerado. Elegir la unidad adecuada según el tamaño de la habitación y ubicarla en un lugar que permita la correcta circulación del aire es clave para prolongar su vida útil.
Del mismo modo, bloquear las salidas de aire con muebles, cortinas o cortavientos aumenta la presión interna y puede dañar ventiladores, filtros y serpentines.
El buen uso de un aire acondicionado implica hábitos que eviten sobreesfuerzos innecesarios y protejan sus componentes críticos. Encender y apagar constantemente, ajustar temperaturas extremas, descuidar la limpieza de filtros y conductos, exponer el equipo a condiciones adversas y sobrecargar el sistema son las prácticas que más daño provocan. Adoptar un uso responsable, combinarlo con un mantenimiento periódico y proteger las unidades exteriores asegura un funcionamiento eficiente, reduce el riesgo de averías y prolonga la vida útil del sistema. Prevenir es siempre mejor que reparar y permite disfrutar del confort del aire acondicionado sin contratiempos.



